Se involucró en el mundo del canto por casualidad. Fue el mismo día en el que agarró una guitarra por primera vez, a los 14 años. "No estaba enterada de que podía cantar", reveló a LA GACETA Sofía Danesi. Ella llegó a Francia el 2 de agosto de 2011 gracias a un contrato para trabajar y perfeccionar su segunda lengua, el Francés. Durante los primeros cuatro meses residió en París y luego se mudó a Estrasburgo. Incansable en la búsqueda de oportunidades, Sofía se enteró por Internet de unas audiciones para participar del coro de la Orquesta Filarmónica de Estrasburgo y del Ensamble Vocal Universitario de esa ciudad. Fue la única soprano elegida para participar en el coro de la Orquesta, y eso la enorgullece.

"¿Cómo llegué a la orquesta? Porque al lado de la música hice estudios de idioma desde séptimo grado. Luego pasé dos de los primeros exámenes de Francés en la Alianza Francesa, e hice tres años de la licenciatura de ese idioma en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Ahí llegaron el contrato y la mudanza. Te juro que no me esperaba entrar en el Coro de la Orquesta. Fui solo para probar suerte, y me di con que fui la única soprano que pasó las audiciones. Fue increíble enterarme de eso", comentó la tucumana, de 23 años.

En la provincia ella estudió en la academia de canto de Cecilia Paliza, y luego fue perfeccionándose con otros profesores como Ivana Razuk, Miguel Marengo y Nino Aredes. "Finalmente - agregó- fortalecí mi técnica vocal desde el momento en el que entré al Coro de la Facultad de Medicina. También tomé clases de guitarra con Carlos Podazza y con Matías Manzur".

Según Sofía, la exigencia de la Orquesta Filarmónica es muy superior, y lo que le suma excelencia al aprendizaje es que está conducido por una mujer altamente capacitada, como lo es Catherine Bolzinger. "El coro está formado por gente que responde exactamente a lo que ella pide y necesita, y el resultado es increíble, teniendo en cuenta que ensayamos un fin de semana por mes", comentó.

Con el Ensamble Vocal Universitario la soprano fue a cantar a Praga, en el marco de un intercambio con una orquesta sinfónica de la capital checa. Con el coro de la Orquesta trabajó junto a sus compañeros la obra "Belshazaars's feast", de William Walton (compositor inglés). La presentaron en el Palacio de la Música, bajo la dirección de John Nelson (director de orquesta estadounidense). Los conciertos fueron el 24 y 25 de mayo pasados.

Muy lejos de casa
El desarraigo no es ajeno para cualquier persona que se encuentra al otro lado del océano. Diferentes estilos de vida, personas y lugares, días en soledad y sin amigos, fueron una mezcla poco diplomática para la recién llegada.

"Me costó muchísimo hacer amigos y estuve sola durante bastante tiempo. El desarraigo es algo horrible. Pero sirve mucho para crecer y repensar las cosas. Después de este año en Francia, extraño más que nunca a mi país, a mis amigos, a mi familia y ando con una bandera en la mochila", confiesa Sofía. Como consuelo ya piensa en su próxima visita a Tucumán: vendrá en una semana para ver a sus allegados y para preparar los próximos proyectos, como un trabajo de música argentina y tango.

"Lo que mas extraño de Tucumán -remarcó Sofía-, aparte de la familia y de los amigos, es la música. La verdad es que nunca fui muy fan del folclore, pero estando en Francia escucho una zamba y me da mucha nostalgia. Me desespero por volver. Y bueno, ni hablar de la comida, teniendo en cuenta que la humita es mi plato favorito (risas), además de las empanadas y el asado... todo eso se extraña".